En un ecosistema digital saturado de promesas sobre la automatización total de la creatividad, nos sentamos con Sebastian Pazos Manzo para desgranar una realidad que muchos callan: la Inteligencia Artificial está generando más trabajo del que ahorra. Entre el “hype” visual y la arquitectura técnica, Sebastian propone un cambio de paradigma: dejar de pedirle a la IA que dibuje y empezar a exigirle que optimice.
El espejismo de la interfaz perfecta
Entrar en el flujo de trabajo de Sebastian es entender que el diseño no es un resultado estético, sino un proceso de ingeniería humana. Para él, la fascinación actual por las interfaces generadas por IA es, en el mejor de los casos, una distracción peligrosa.
“Estamos viendo una explosión de lo que yo llamo ‘interfaces de cristal’”, explica. “Son propuestas que lucen increíbles en una exportación de alta resolución o en un post de redes sociales, pero que se rompen en mil pedazos cuando intentas llevarlas a un entorno de producción real”.
El problema, según Sebastian, no es la herramienta en sí, sino el uso que se le está dando. Delegar en la IA la propuesta de un layout completo suele derivar en lo que él define como “deuda técnica creativa”.
El costo oculto de “desarmar” lo generado
Revista de Diseño (RD): Has sido muy vocal sobre el hecho de tener que “desarmar” el trabajo de la IA. ¿A qué te refieres exactamente?
Sebastian Pazos Manzo: “Muchos diseñadores caen en la trampa de la rapidez inicial. La IA te entrega una pantalla en segundos, pero cuando entras al archivo de Figma, te encuentras con un caos de capas sin nombre, jerarquías visuales inconsistentes y una ausencia total de sistemas de diseño escalables. Al final, paso más tiempo limpiando y estructurando esa propuesta que si la hubiera empezado de cero con una lógica de componentes sólida. La IA crea interfaces que luego tengo que desarmar; prefiero mil veces automatizar que diseñar con IA”.
Para Sebastian, la verdadera eficiencia no reside en cuántos prompts puedes escribir para obtener un dibujo, sino en qué tan robusto es el flujo de trabajo que permite que una idea llegue al usuario final sin perder su esencia en el camino.
La entrevista: El diseño como conducta, no como secuencia
RD: ¿Crees que la IA llegará algún día a entender la experiencia de usuario tan bien como un diseñador?
SPM: “No está mal experimentar, sin embargo, no se puede diseñar para humanos desde una perspectiva artificial. La IA es excelente visualizando patrones basados en secuencias gigantescas de proyectos existentes. Puede predecir dónde va un botón porque lo ha visto un millón de veces, pero se queda corta en la ejecución final. Sirve para crear componentes, pero para generar dinámicas conductuales siempre será imprescindible preguntarse el porqué y el para qué“.
Sebastian insiste en que el diseño es, ante todo, psicología aplicada. Mientras que la IA opera bajo la lógica de la probabilidad, el diseñador opera bajo la lógica de la intención.
“La filosofía del diseño de interfaces está en la trayectoria que define lo que es y lo que diferencia una app de nicho a una app genérica”. — Sebastian Pazos Manzo
El valor de lo específico frente a lo genérico
En el mercado actual, la homogeneización es el enemigo. Las herramientas de generación masiva están poblando la web de soluciones “promedio” que carecen de alma y, sobre todo, de objetivos de negocio claros.
“La diferencia entre una herramienta que soluciona un problema específico de un usuario y una aplicación genérica radica en la atención al detalle conductual”, afirma Sebastian. Para él, la automatización estratégica debe ser el motor que libere al diseñador de las tareas repetitivas —como la documentación de estados, la gestión de tokens o las pruebas de regresión visual— para que este pueda enfocarse en lo que la IA aún no puede replicar: el entendimiento profundo de la conducta humana.

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